jueves, 28 de febrero de 2013

Miedo

Perlas de sudor le recorrían la sien y la garganta la notaba seca, clamando agua; sabía con certeza que el peligro acechaba y que poco podría hacer para evitarlo. La luz blanquecina de la luna, que parecía una raja de melón, iluminaba el paraje en el que se hallaba. Árboles de ramas grotescas que podrían haber salido de alguna película de Tim Burton; la tierra, húmeda y con insectos merodeando como si nada les aconteciera; un riachuelo lleno de cantos erosionados por el transcurro de sus aguas. Ni un solo rastro de nubes.

Un ambiente de lo más inquietante.